
Sobre participación, sentido de pertenencia y otras cosas
Que el hombre es un ser social quizás no es un descubrimiento. Se asume como premisa universal. Una sociedad que cuando dormimos nos habla, nos pregunta y nos protege... Nos promete darnos todo (aunque solo pudo darnos lo que tuvo)... para nosotros lo más hermoso es amanecer junto a sus ojos iluminando el mundo. Es seguridad, es identidad, es orden y sentido de pertenencia.
Pero esta sociedad un día nos dejó volar y, aunque sus ojos lloraron hasta doler, ella sabía que así tenía que ser. Y en ese vuelo nos pusimos a hablar de libertad, de búsquedas de verdad, de agrupación, estado, gobierno y nación. Hicimos la excepción de romper las reglas y construir un mundo paralelo al establecido por la naturaleza, generamos mundos paralelos basados en las ideas con el fin de unir sueños unos a otros para abrir un hueco en el futuro.
Pero cuando uno toma el desafío de dejar lo establecido en pro de tomar arquitecturas nuevas, debe pagar los costos de una nueva empresa que sacrifica la universalidad y el consenso por el debate y la falta de certeza. Es el costo del anhelo de perfección, donde se acaba con la sensación de que la jaula siempre estuvo abierta, la caravana de miradas se lleva algo de nuestra esencia y nos vemos sesgados por la ciencia.
Poder, representación, igualdad... ¡Ahí vamos!...
El presente ensayo pretende ilustrar y comprender la relación entre pensamiento político, en sus componentes eminentemente teóricos, y la intervención política concreta. Para esto, se tomará como unidad de análisis el Desarrollo Local en Chile.
Desde este punto de vista, se pretende explicar la importancia de los procesos subjetivos en la construcción de un proyecto país; y que es indefectible la necesidad urgente de alinear estrategias y estructuras de un estado, su visión y misión a la cultura de su bien mas preciado, el capital humano y capital social.
Lo político...
“Así es que está claro que la ciudad es por naturaleza y es anterior a cada uno. Porque si cada individuo, por separado, no es autosuficiente, se encontrará como las demás partes, en función de su conjunto. Y el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino como una bestia o un dios”(Aristóteles, La Política)
En todo existe, por naturaleza, el impulso hacia la comunidad; un apego a la visión de orden como lo natural. Pero en esta configuración de orden juegan desordenes; aparecen diferencias en creencias, atribuciones, actitudes, percepciones e intencionalidades, entre otras.
En este nuevo escenario vemos como el desarrollo social contemporáneo influye sobre los modos de acción pública en donde dichos campos están mediados o marcados por procesos de naturalización de lo social, cuestionamiento de lo político y desafíos para la acción del estado.
Existen dos definiciones de lo político: Una pre moderna en donde se presenta la naturalización de la democracia, y una moderna en donde se sitúa esta democracia bajo el dominio de la razón. Este paso desde lo clásico a lo moderno, en donde se deja lo establecido naturalmente por una nueva realidad en la cual hay que luchar para establecer los criterios que se deseen para el mundo en el que se vive, se hace fundamental la construcción de escenarios compartidos.
Una ciudad y su urbanismo en la actualidad, me parecen un buen espejo y reflejo de si estas construcciones se han hecho de manera cooperativa y compartida.
“ Los nuevos territorios urbanos ya no se reducen a la ciudad central y su entorno más o menos aglomerado, lo que se llamó el área metropolitana, es decir el modelo de ciudad de la sociedad industrial. El territorio urbano-regional es discontinuo, mezcla de zonas compactas con otras difusas, de centralidades diversas y áreas marginales, de espacios urbanizados y otros preservados o expectantes. Una ciudad de ciudades en su versión optimista o una combinación perversa entre enclaves globalizados de excelencia y fragmentos urbanos de bajo perfil ciudadano.” (Borja, J. 2005).
Si la modernidad es una toma de conciencia, se asocia a la legitimidad, por lo tanto hablamos de un tipo de conciencia autosustentada. Esto se daría en lo político por un tipo de régimen representativo como asumimos debiese ser la democracia. La modernidad funda esta forma de entender el ejercicio del poder bajo una racionalidad ordenadora, una razón instrumental que se instala fácticamente. Este tipo de conciencia tiene una instalación social.
La razón se desarrolla, acumula conocimientos; se segmentan a la ves estos conocimientos por procesos de especialización muriendo el humanismo en pro de la construcción de mundos autorreferentes con lenguajes propios, con mecanismos de reproducción propios... Así, la razón moderna es un tipo de conciencia pero también es un tipo de proceso social...
“La sociedad urbana se ha hecho más compleja, más individualizada y más multicultural. Las grandes clases sociales de la época industrial se han fragmentado, los grupos sociales se definen en función de criterios múltiples (territoriales, culturales, etc. además de su relación con la producción), la autonomía del individuo se ha multiplicado. Los comportamientos urbanos se han diversificado (en los tiempos, movilidades, relaciones sociales, etc.) y por lo tanto también las demandas. Las políticas urbanas hoy no pueden ser simplemente de “oferta” masiva dirigida a grandes colectivos supuestamente homogéneos”(Borja, J. 2005)
Se da entonces una paradoja: al mismo tiempo que individuos y ciudades apuestan por la distinción y la diferencia, las pautas culturales se globalizan y se homogeneizan. Arquitecturas y formas de consumo, informaciones y comportamientos de ocio, lenguas y vestimentas, se banalizan y pierden sus elementos distintivos cualificables. La carrera hacia la competitividad mediante la distinción lleva a la no-competitividad mediante la banalización. Existe así un conflicto entre racionalidad técnica y racionalidad subjetiva, entre eficacia v/s legitimidad. La solución para esta paradoja sería instalar el ruido de la calle en las instituciones y, en su defecto, en la toma de decisiones. Es lo necesario para construir voluntad ciudadana, un equilibrio entre Expertos y Legos, establecer mecanismos de mediación entre ambos actores, entre el mundo funcional y el mundo “de la vida”. No habría que tenerle miedo a los conflictos...
La modernidad, en la medida en que expresa su proyecto político de manera vanguardista, ha excluido a la sociedad civil existiendo un fuerte componente de racionalidad sistémica desde las élites. Se puede decir que existe un choque entre una imagen de mundo inclusivo v/s una realidad excluyente.
Este escenario plantea otro choque, muy expandido en américa latina, que es la ficticia opción y necesidad de decidir entre “orden y libertad” como si fueran conceptos dicotómicos y excluyentes.
A partir de esta breve descripción del concepto de modernidad influyendo los campos de lo político es que me propongo desarrollar un segundo tema de particular importancia para cualquier proyecto país. La participación Ciudadana.
Hacia una Sociedad de la Igualdad...
Como vimos en el apartado anterior, existen dos visiones de orden radicalmente distintas. Una que postula una ciudadanía participativa y autónoma v/s la concepción de ciudadanía subordinada. Nuestra historia como país parece contener datos duros para esgrimir la aseveración que en Chile nos hemos inclinado más a preferir el orden en desmedro de la libertad. Desde tiempos de Diego Portales se han privilegiado las bondades de un régimen político “ordenado” que nos inclina como nación a poseer una personalidad complaciente hacia estilos de gestión autoritarios bastante complejos. Instalamos nuestro universo simbólico desde el estado, anclamos y digitalizamos el futuro a partir del estado... Somos competitivos e individuales desde una decisión del estado. Sin duda es innegable que en nuestra historia existen matrices y pautas de comportamiento autoritarias. Poseemos un gobierno que nos da una gobernabilidad sistémica, racional y funcional bajo la óptica de estar cumpliendo con los índices de satisfacción básicos para un ciudadano subordinado. Somos un país ordenado, el “Modelo Chileno” es eficiente, tenemos gobernabilidad.
A mi juicio, el problema comenzará cuando la balanza entre la autonomía de lo técnico v/s la subjetividad comience a desequilibrarse... Cuando como individuos nos preguntemos acerca de si el hecho de tener un laptop, un DVD o una palm nos hace ser realmente actores autorizados en la sociedad...
Es aquí donde es necesario afirmarnos en el concepto de Seguridad Simbólica.
“En tal situación adquieren supremacía dos consignas siempre presentes en política. Por un lado, la anterior demanda de cambio social es relegada por la demanda de estabilidad. Ya no se trata tanto de revolucionar estructuras anquilosadas como de exorcizar la sensación de lo efímero y asegurar algo perdurable en el tiempo. Cuando todo se mueve y ningún movimiento es previsible, la creación de referentes firmes resulta indispensable para evitar el vértigo y desarrollar conductas mínimamente predecibles. Por eso, en países con elevada tasa de inflación o violentos vaivenes políticos el deseo de estabilidad prevalece al punto de desplazar otras preferencias, incluyendo las mejoras económicas, a un rango secundario. La misma democracia ha de justificarse por sobre todo como un orden calculable, o sea de conflictividad acotada.” (Norbert Lechner, 1995)
Quizás la cita expuesta refleje o explique el por qué de nuestra predilección por el orden. Quizás es nuestra historia basta en crisis la que nos ha hecho sacrificar la libertad en pro de margenes institucionales que generan mayor estabilidad y “seguridad”. Además, si hacemos el ejercicio de mirar al vecindario incluso podemos asentir en que estamos en el camino correcto y son válidos los sacrificios. Pues bien, mi intención ahora es demostrar que lo “barato” sale “caro”.
Asumiendo la premisa que la variable subjetiva no es una variable blanda en política, se puede desarrollar la idea que centra a un estado tutor y a una ciudadanía subordinada como eficiente para momentos de crisis; pero totalmente ineficaz para tiempos sin crisis. Un estado ordenador no es un estado formador y, por ende, no es un estado capaz de generar competencias necesarias para un mundo dinámico, flexible y realmente competitivo. Esto se puede demostrar en el campo de la economía, en donde no basta con el orden macro económico para alcanzar los niveles de un país desarrollado. Hemos sido exitosos para alcanzar estándares desarrollados en crecimiento, en control de inflación, en apertura de mercados, en tasas arancelarias, en regulación y fiscalización financiera. Hemos sido exitosos en nuestra macro economía, Ordenados y Subordinados a nuestro estado mayor... El mundo.
Pero una vez logrado este orden, esta seguridad sistémica, al parecer no somos capaces de dar un salto cualitativo (y entenderé la palabra cualitativo más cercana al polo de la subjetividad, así como entiendo lo cuantitativo más cercano al polo de lo objetivo).
No es casual entonces fallar en aspectos como “Reforma Educacional”, “Calidad de Vida”, “Igualdad Redistrubutiva”, etc., temas que se alejan del consensuado y puro criterio técnico y que nos obligan al debate y discusión. Ahí es donde se hacen evidentes nuestras carencias, nuestras instituciones sordas y nuestros ciudadanos mudos. No nos hemos preocupado de las lecturas que están detrás de las instituciones. De esto surge la incapacidad de generar el vínculo entre la comunidad y el diseño de cualquier política pública desde el momento en que aceptamos a la autoridad como una “autoridad dada” y no como “una autoridad construida”. Si entendemos a la democracia representativa como:
La que instala autoridades vía elección.
Esas autoridades tienen cierta independencia del público que los elige.
Frente a esa relativa autonomía de los gobernantes se instala la opinión publica.
Las decisiones tienen que pasar por la prueba del debate público.
Se puede decir que se está fallando en los dos últimos puntos. Esto no es menor, ya que gracias a la opinión pública se instala el juicio crítico, competencia que debe ser vivaz, con capacidad de control y ejercicio. Esta es la definición básica de las sociedades de países desarrollados que se basan en los principios de “Asociatividad” de sus comunidades para fortalecer y fiscalizar sus instituciones aumentando su capacidad de articulación, coordinación y cooperación. Está demostrado, en estudios longitudinales hechos en Italia que es este principio de asociatividad el que marca la diferencia entre el desarrollo del norte v/s el estancamiento del sur en ese país a lo largo de toda su historia. Esta capacidad que tienen algunas sociedades de generar el vínculo entre la comunidad y el diseño de sus políticas públicas es lo que a juicio de muchos autores hace la diferencia. Sin duda la adaptación de los principios modernos de democracia en la cultura latinoamericana han sido incompletos. Al parecer hemos copiado formas y no fondos. No es extraño entonces que en Chile se haya privilegiado el polo de la racionalidad funcional por sobre el polo de la representación social y la participación.
“...precisamos de la seguridad simbólica de la permanencia de ciertos valores; de símbolos y de construcciones de sentido (lo que explica la permanencia de las religiones y hasta la magia en las sociedades modernas). La comunicación puede ser considerada la manifestación concreta y objetiva de los procesos de reconstrucción permanente de los diferentes contextos de realidad que cultivamos en la vida cotidiana. Cultivamos como un jardín, o un taller lleno de herramientas que utilizamos como recursos para la reconstrucción resiliente de nuestra vida cotidiana: nuestras ecologías físicas, sociales, simbólicas e imaginarias” (Eduardo A. Vizer, 2005)
Así como el lenguaje genera mundos, los sistemas políticos generan pautas conductuales. En este caso, nuestro sistema político genera la conducta de la inercia y no participación. Esto puede ser útil para el control en tiempos de crisis (No protestas, No críticas, No presión). Pero en tiempos de estabilidad... ¿De qué nos sirve una ciudadanía subordinada?... Lo que se necesita es creatividad, autogestión, espíritu emprendedor, proactividad.
Al parecer, no tendríamos una ciudadanía autónoma haciendo que nuestra democracia sea un régimen cínico el cual dice basarse en un principio de igualdad pero se operacionaliza con el principio de exclusión. Así, tenemos una sociedad con ganadores y perdedores, con incluidos y excluidos en la cual es imposible alinear las estrategias y estructuras de un país a una misión y visión en común.
Las sociedades desiguales suelen tener más dificultades de actuación colectiva, lo que podría traducirse en instituciones disfuncionales, inestabilidad política, populismo, etc.
Así, en tiempos de No crisis queda en evidencia que la racionalidad funcional, la ciudadanía subordinada y la eficacia de las instituciones no bastan para configurar un estado dispuesto a asumir los desafíos de un desarrollo integral.
En la última parte, apoyado en los conceptos de capital humano y capital social se tratará de instaurar la tesis de una necesaria reinvención de nuestras instituciones y de nuestro concepto de sistema político reinante.
Pecados Capitales
Las pautas de crecimiento y los cambios en la distribución de los ingresos y oportunidades y el ritmo de reducción de la pobreza son resultado de un complejo conjunto de interacciones entre las políticas, las instituciones, la historia y la geografía de los países. Debe haber un reforzamiento mutuo entre Desarrollo Económico y Desarrollo Humano.
El concepto de Capital Humano tiene un remoto origen en el enfoque de Bienestar Social, sin embargo, luego se ha ido depurando este concepto para acercarse más a la temática de la Calidad Laboral y la Salud Ocupacional. Capital Humano es el producto de Voluntades y Corresponsabilidades sociales que está soportado sobre cuatro pilares fundamentales. (OIT “Capital Humano para el Siglo XXI”, 1999).
a) Productividad:
Consiste en aumentar la productividad mediante la participación de la gente en el proceso productivo.
b) Equidad:
Consiste en otorgar y garantizar la igualdad de oportunidades para todos los sectores y grupos humanos dentro de una organización.
c) Sostenibilidad:
Consiste en asegurar, tanto para el presente como para el futuro, el libre y compelto acceso a las oportunidades.
d) Empoderamiento:
Capacidad de potenciarnos como un recurso humano fundamental para una organización, participación activa en la implementación y toma de decisiones.
Así, resumiendo, se puede decir que Capital Humano es el aumento de la producción de trabajo alcanzada con mejoras en las capacidades de trabajadores. Estas capacidades realzadas se adquieren con el entrenamiento, la educación y la experiencia. Haciendo un ejercicio deductivo, ¿se puede decir que si el capital humano de una empresa es capaz de aumentar la productividad, entonces la buena calidad de vida de un país es capaz de aumentar su crecimiento y, por consiguiente, su desarrollo? Por el momento solo se dirá que, al ser la suma de voluntades y corresponsabilidades involucra una lógica de acción colectiva que dirige a otro concepto importante, el Capital Social.
La idea de Capital Social se refiere a un conjunto de conductas que se dan fuera del mercado y que influyen en este. Para Fukuyama son “...normas informales concretas que promueven la cooperación...” generando por consiguiente confianzas que ayudan a la interacción entre las personas. Para Putnam este concepto puede ser clave en el desarrollo de un país, como el mismo lo comprobó en sus estudios comparativos de Italia.
Cuando se hace la pregunta ¿cómo los ciudadanos se conectan con el estado?, es válido también preguntar ¿cómo el estado se conecta con los ciudadanos?. Al repasar estos dos conceptos, se hace visible un problema de flujo comunicacional que afecta a una óptima retroalimentación entre Ciudadano/Estado.
Toda sociedad, para desarrollarse, deberá resolver las tensiones entre los ejes de la modernización/subjetivación y diferenciación/integración. Esto demanda un debate, un conflicto entendido no como un problema, sino como una oportunidad. Sólo la discusión en sociedad acerca de cuales son nuestras metas y anhelos como país nos llevarán a un desarrollo integral y sustentable a largo plazo, en la cual el consenso de toda una comunidad se transforme en nuestro aval, en nuestra seguridad simbólica como país.
Bibliografía
1. J. Habermas : “La modernidad: un proyecto inacabado” en Ensayos Políticos; Ediciones Península.
: “El Discurso Filosófico de la Modernidad”; Taurus. Prefacio y Primera Lección
2. A. Jocelyn-Holt : “El peso de la noche: Nuestra frágil fortaleza histórica”; Planeta; 1999
3. Norbert Lechner : “La Política ya no es lo que fue” Profesor investigador de FLACSO, sede México
4. Jordi Borja: “REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN LA CIUDAD GLOBAL”,
REVISTA BIBLIOGRÁFICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES ,Vol. X, nº 578, 20 de abril de 2005
5. Samuelson, Paul: “Economía”, (México, Mc Graw Hill, 1992)
6. Putnam, Robert: “Making Democracy Work. Civic Tradition in modern Italy” (Princeto, New Jersey PUP, 19
7. Stiglitz, Joseph: “Formal and Informal Institutions”, en Dasgupta, Partha y Ismael Serageldin, “Social Capital. A Multifaceted Perspective” (The World Bank, 2000)